- Oye... ¿te acuerdas de cuando nos conocimos?
- Pues...
- ¿No te acuerdas? -pregunté con dolor en mis palabras.
- ¿Tú sí? - Claro. ¿De verdad que no te acuerdas?
- La verdad que...
- Intenta recordarlo, mira... estábamos caminando por el pasillo del instituto, yo llevaba una carpeta llena de hojas sueltas sobre las manos, y tú corrías y corrías por los pasillos... te encantaba hacer rabiar a los profesores -comencé a recordar con una sonrisa en mis labios -¿lo vas recordando? Bueno espera... después de nuestra primera mirada, comenzó a llover mucho mucho... tanto que no pude irme a casa y tú me preguntaste viéndome esperar a que parase la lluvia que si quería que me alcanzases... yo no estaba segura pero aún así acepté... te pegaste horas para encontrar mi casa, no tenías muy buena orientación y hablamos de miles de cosas en aquel largo trayecto en coche... ¿De verdad que no te acuerdas? -pregunté mirándolo de frente.
- Llevabas una camiseta de color rojo, ése día tenías un examen de latín y todos aquellos papeles que tenías en la mano eran para el examen... siempre has sido un poco desastre -sonreía -corría porque quería pasar más de una vez a tu lado y buscarte la mirada, quería atraer tu atención, ése día me contaste que tu color preferido era el azul... que tu viaje perfecto sería ir a Alaska, y que querías comprarte un coche violeta, pero te equivocas en una cosa... no me costó encontrar tu casa... me equivocaba adrede constantemente para estar más tiempo junto a ti... no quería ver cómo te marchabas sin tener razones para pedirte que te quedaras... pero ya ves... ahora tampoco tengo razones... tal solo tengo una.
Muy sorprendida y con el corazón en un puño pregunté en un suave murmullo:
- ¿Y cuál es?
- Que te quiero.
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