Y vuelve a ocurrir... vuelve a llegar ese abrazo irrepetible un día cualquiera, un día con una sola cosa de especial, ése abrazo... pero se ha repetido, por lo que ya no es irrepetible... y no estás dispuesta a eso, más que nada porque aunque quisieses repetirlo día tras día... si las cosas se quedan ahí... allá las cosas con las cosas, pero tú justo cuando él está a punto de girar una esquina en la que dejarás de verlo... lo llamas, después del abrazo y de quedarte entre el voy o me voy... no decides nada porque no te da tiempo de pensarlo, tus sentimientos y tu corazón lo hacen por ti.
Se da la vuelta buscando tu mirada, y mientras él espera sonriéndote sin poder evitarlo, tú corres hacia él como si no hubiese nadie más en el mundo, como si aquello fuese lo único importante en ese momento, y... así es. Lo vuelves a aferrar con fuerza sintiendo el latir de su pecho justo en el tuyo... y con mucha delicadeza y sin prisa para que no dude de ello... le susurras lo que hace de eso otro momento irrepetible... Te quiero.
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