"Tranquila, todo saldrá bien" te dices una y otra vez, pero eso no te reconforta, no dándole el beso de despedida, saboreando sus lágrima y las tuyas, no sabiendo que por tu culpa sufriréis los dos, que por tu culpa puede que vuestra relación se tambalee, que le estás privando de lo que quiere, que eres tú.
Y te vas... Y en poco tiempo tu relación se hace más fuerte, con más esperanzas, con más ilusiones de volver a verlo, y empiezas a valorar cosas que nadie valora, el simple hecho de poder verle tras un aparato electrónico, el poder tocarle aunque solo sea por un día, el verle sonreír, el poder abrazarlo y besarlo, poder consolarlo y limpiarle las lágrimas, etc. Te das cuenta que aquello que creías que acabaría con tu relación, que acabaría con tu amor y su amor, os ha hecho más fuertes... Con vuestros días interminables e insufribles, con vuestros días de no querer salir de la cama, de verlo todo negro, pero desvaneciéndose todo ello en el momento que lo ves salir por las puertas del aeropuerto, que lo ves mirarte y buscarte de lejos cuando eres tú la que debe salir. La distancia tiene dos opciones: Fortaleza o final, pero... Cuando se ama a alguien por encima de todo, cuando la seguridad en tus palabras, en tu mirada... De saber que no quieres conocer nunca más a ningún hombre, que quieres pasar el resto de tu vida con él y él contigo, hace que luches contra viento y marea, porque al fin y al cabo te das cuenta que: "Vale la pena sufrir durante meses solo por tener la oportunidad de verlo y sentirlo durante días, me compensa... Te quiero".
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